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El Blog de la Hiperactividad

SABIAS PALABRAS

EN FAMILIA

El cariño ayuda más que el castigo al niño hiperactivo

Cuando un niño no para de jugar o de moverse y con frecuencia no presta atención a los detalles, incurre en errores por descuido en las tareas escolares o pierde objetos, es probable que pueda estar afectado de un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).

Los padres de niños con este trastorno suelen reclamar de los profesores más conocimiento sobre esta patología y un esfuerzo por adaptar las metodologías de estudio a los afectados. Este trastorno afecta al sistema nervioso y se manifiesta mediante el aumento de la actividad, la impulsividad y la falta de atención.

Los síntomas de esta patología suelen presentarse en torno a los 6 años, cuando el niño comienza a socializarse en la escuela una vez que ha dejado el jardín de infancia e inicia el período de aprendizaje de las distintas materias escolares. Una persistencia de los síntomas durante al menos seis meses confirmaría que estamos ante un cuadro de cierta gravedad.

A menudo, los síntomas confunden a los padres y educadores porque consideran que el niño es un tanto dejado o un poco vago en lo que se refiere a sus obligaciones escolares cuando en realidad estamos ante un ser enfermo que necesita, antes que medicamentos, cariño, comprensión y ayuda médica y en ningún caso castigos o reprimendas. El niño afectado por este problema extravía con frecuencia juguetes, lápices o libros, rechaza las tareas que requieren un esfuerzo mental y se dispersa con estímulos irrelevantes, según consta en los anales más comunes de estudios de psiquiatría y psicología.

El tratamiento de un niño hiperactivo puede incluir medicamentos. Pero para que éste tenga éxito debe implicarse en él la familia, que debe ser autocrítica y dejarse asesorar, y también los responsables de la escuela donde todavía las actuaciones dejan mucho que desear.

Durante el reciente acto de presentación en Madrid del libro Hiperactivos. Estrategias y técnicas para ayudarles en la casa y en la escuela aportó su testimonio Mario Lázaro, un joven que fue diagnosticado con TDHA a los 12 años y que, gracias a la medicación y el tratamiento psicoeducativo, cursa en la actualidad estudios de ingeniería.

Mario Lázaro destacó las dificultades que todavía tiene para referirse a su infancia por lo mal que lo pasó.

''Las situaciones siempre me dominaban y tenía estrés en el colegio porque no lograba las metas que otros sí podían. Esto me originaba una tremenda apatía y una desilusión constante que se traducía en ansiedad y agresividad'', dijo.

ARTICULO COMPLETO AQUI: http://www.elnuevoherald.com/galeria/en_familia/story/442596.html

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